Sí. Pero sólo a veces. Como si a mis neuronas les costase ralentizarse. La mayoría de las veces me muevo por impulsos. A trompicones. A saltos. De aquí hacia allá. Comenzando un montón de cosas a las que no les veo final. Pero eso es bueno. Porque si les viese el final estarían conclusas, Y yo no quiero concluir nada (aunque el final dote a las cosas de sentido). Yo quiero empezar cosas. Para estar siempre haciendo algo. Para darme cuenta de que estoy vivo. Para no concluir. Nunca. ¿Por qué habría de hacerlo?